Qué es un cinematógrafo

El cinematógrafo dio luz al cine. En su afán de recrear el mundo, el hombre inventó desde un comienzo la pintura y la escultura, reproduciendo así objetos en dos y tres dimensiones. Sin embargo, la cuarta dimensión -la del tiempo- le fue siempre muy esquiva.

Auguste Lumiere dice una hermosa frase en sus memorias: “Mi hermano, en una noche, inventó el cinematógrafo”. En esta breve reseña histórica entenderemos qué fue lo que Louis Lumiere inventó esa noche, pero sobre todo entenderemos que su invento fue la coronación de muchos inventos y descubrimientos a lo largo de cientos de años, no todos ellos tenían por meta el cine, pero cada uno fue un paso indispensable en el camino que llevaría a la gran noche de Louis Lumiére.

Mientras Niepce intentaba conseguir sus primeras imágenes, el médico inglés Roget realizaba los primeros experimentos acerca de la “persistencia retiniana” y los presentaba a la Royal Society. Se trataba de la interpretación de un fenómeno particular, el título de su presentación era “Explicación de una ilusión óptica relativa a la apariencia de los radios de una rueda vistos a través de una ranura vertical”. Un par de años más tarde, el mismo año en que Niepce obtenía la primera fotografía de la historia, J. A. Paris inventa el Taumatropo, juguete basado en los descubrimientos de Roget.

Consistía en un disco con dibujos diferentes en ambas caras, que al rotarse rápidamente daba la ilusión de una figura única. Podemos decir que es en 1892 cuando comienza verdaderamente la historia de la animación, con Emile Reynaud y su “teatro óptico”.

Reynaud adaptó el Praxinoscopio que había inventado en 1877 para que pudiera proyectar sobre una pantalla las imágenes que, dibujadas en una cinta de papel, representaban distintas fases o momentos de un movimiento. Esto le permitía reconstruir durante la proyección al menos aparentemente, cualquier movimiento que, de forma previa, hubiera sido convenientemente descompuesto en una secuencia de imágenes estáticas. Con esta tecnología y, al parecer con cierto éxito de público, Reynaud ya proyectaba sus animaciones en el teatro Grevin de París. Pero, a partir de 1895, cuando los hermanos Lumière presentaron su película L’arrivée du train en gare de la Ciotat, las preferencias de los espectadores cambiaron radicalmente en favor del cinematógrafo. El teatro óptico cayo en desuso, sin embargo, la animación encontró en la nueva tecnología cinematográfica un nuevo soporte para la experimentación con imágenes en movimiento.